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Con faldas y a lo loco, la obra que no llegó a maestra [Cine]

Hay films que no son clásicos, sino que estarían en una división superior. Como una especie de Champions League del cine donde podríamos encontrar títulos como ‘Vértigo’ de Hitchcock, ‘Gilda’ de Vidor o 'West Side Story' de Robbins & Wise. También podrían estar unas cuantas películas de Wilder, como esta: ‘Con faldas y a lo loco’.


¿De qué va?

Cuando Joe (Tony Curtis) y Jerry (Jack Lemmon), dos músicos de jazz, son testigos de un tiroteo realizado por una banda mafiosa, no encuentran otra manera de huir que enrolándose en una banda de música que va a Florida. El tema es que la banda está integrada únicamente por mujeres y por lo tanto deciden travestirse y hacerse pasar por Josephine y Daphne. Conocen allí a Sugar Kane (Marilyn Monroe), de quien se quedan ambos prendados. Y además la mafia pisándoles los talones.

La crítica

Hay obras top en todos los sentidos: dirección, actuación, guión, crítica, opinión del público, escenas que pasan a la posteridad... por eso a uno le sabe mal que al revisarlas le dejen un sabor agridulce. Y aunque esta película que ha pasado a la historia del cine como una de las mejores comedias, hay momentos en los que el espectador no acaba de reírse durante varios minutos del metraje, de hecho.


No voy a ser excesivamente duro. De hecho, el film funciona muy bien a pesar de la arriesgada puesta en escena porque, no nos engañemos, una película drag a finales de los 50 no es lo mismo que hacerla hoy en día, y la prueba es que en Kansas fue prohibida por “peligrosa.”

El guión es chispeante, divertido y enérgico, un mano a mano entre Wilder e I. A. L. Diamond donde cada uno puso lo mejor que llevaba dentro. La prueba de ello es la infinidad de escenas que han pasado a la historia del cine, como esa divertidísima escena final que termina con el ya mítico “Nadie es perfecto”, o la escena de la estación, donde el silbato del tren y una ráfaga de humo pillan a Marilyn desprevenida.


‘Con faldas y a lo loco’ (por cierto, una traducción un tanto “especial” del original ‘Some like it hot’ que vendría a decir que a algunos les gusta caliente o, en términos de argot, que a algunos les va la marcha) es un film destacable en todas sus facetas, aunque hay algunas cosas que chirrían. Y quizá lo más chirriante de todo sea, aunque sepa muy mal, Marilyn.

La actriz tuvo que lidiar con muchos problemas durante el rodaje (un embarazo que terminó en aborto, una adicción cada vez mayor a los barbitúricos...) pero lo más duro con lo que tuvo que luchar fue su personaje. Una chica estúpida, con la cabeza hueca y pánfila como una adolescente mormona. Algunas de sus frases en la película como por ejemplo:


“Nunca he sido una chica lista”
o
“Quiero casarme y que mi marido me mantenga para hacerle tartas y planchar sus camisas”

terminan por apartar al espectador de la historia. Marilyn estaba semiretirada del cine, apenas hacía una película por año para evitar estos papeles y a su vuelta cayó de cuatro patas en el peor de ellos. Aunque es cierto que a nivel estético, Marilyn está preciosa, elegante y que luce unos vestidos con transparencias que hacen dudar de la certeza de la ley de la gravedad. Lástima de esos diálogos tan... brrr!


Por otro lado, Tony Curtis está espléndido, muy cómodo en su papel de mujer. Dijo que se había inspirado en Mae West para sus andares y formas femeninas, y lo cierto es que da mucho más el pego que su compañero Lemmon, a quien ya se ve torpe como hombre, imaginaros como mujer sobre unos zapatos de tacón. No obstante, todo es acorde al personaje, y además de caer simpático, hace una actuación soberbia. Billy Wilder había contratado a un travesti, Barbette, a quien conoció en Berlín durante su juventud, para asesorar en estas cuestiones. Dijo que a Curtis no le podía enseñar nada más, pues era la mujer perfecta marcando mucho el movimiento de las caderas, pero que a Lemmon lo dejaba por imposible.

A pesar de todo, hay momentos del visionado en que uno casi se olvida de que son hombres disfrazados, como en las conversaciones en la habitación del hotel. Aunque hay otro momento que crispa y que no puede evitar bajar la puntuación final de la película. Es cuando Daphne (Lemmon) le cuenta a su compañero/a que se va a casar con Osgood Fielding III, por estabilidad. Esta ida de olla del personaje, que parece que haya olvidado quien es en realidad se aleja del objetivo de la película, que es hacernos ver las vicisitudes por las que tienen que atravesar dos hombres travestidos, no transexuales.


Después de este rodaje, Billy Wilder no volvió a trabajar con Marilyn (antes habían colaborado en ‘La tentación vive arriba’), pues la actriz hizo repetir hasta 49 tomas de una escena en la que sólo debía decir 4 palabras: “Where is the bourbon?”, además de aparecer cada día tarde en el plató o ausentarse sin avisar muchas veces. En cambio, fue esta la primera de las siete ocasiones en que trabajaría con Jack Lemmon, quien se convirtió en su actor fetiche.

Hablar de Billy Wilder es hablar de palabras mayores. El gran gurú del cine que tocó todos los estilos y géneros del cine excepto aquél del que estaba más enamorado, el western: Musicales como ‘El vals del emperador’, dramas bélicos como ‘Cinco tumbas al Cairo’, dramas sociales como ‘El gran carnaval’ o ‘Días sin huella’, comedias sociales como ‘La tentación vive arriba’ o ‘Irma la dulce’, thrillers como ‘Perdición’ y comedias sin más como esta ‘Con faldas y a lo loco’ o ‘Sabrina’. Aunque en alguna ocasión se ha dicho que en realidad no aportó nada nuevo al cine y por eso no se le puede considerar un genio, sino que exprimió al máximo lo que ya había. Chaplin sí había reformado el cine, o Eisenstein, o Coppola, pero no Wilder que a pesar de eso ha dejado una huella imborrable en el séptimo arte, con infinidad de obras maestras.


A pesar de esto, como no podía ser de otra manera, estamos ante una película imprescindible, de visionado SUPEROBLIGATORIO, porque este film es la base de la mayoría del cine de humor inteligente hecho a partir de entonces, desde el del propio Wilder hasta Woody Allen o, como ya sabemos, Fernando Trueba.

En definitiva, la película es grande, honesta y tiene todos los ingredientes para ser una gran obra: actuaciones precisas y preciosas, sobretodo de un normalmente más contenido Curtis, un guión vivísimo lleno de buenos gags, una deliciosa música de Adolph Deutsch, a ritmo de jazz, una fotografía muy bien escogida, que disimulaba el maquillaje de los chicos o lo exageraba según la escena y, por supuesto, una dirección firme, desacomplejada e imaginativa de Wilder.
Lástima del personaje de Marilyn, de algunos chistes demasiado seguidos, que provocan la carcajada y no permiten escuchar el siguiente, del momento de enajenación de Jerry/Daphne y de la trama de la mafia, un poco metida con calzador pero más o menos bien resuelta. Si no fuera por estas cuatro cosas, sería sin duda una película merecedora del 10. Pero no, es un lastre demasiado grande.

Información de más
  • En un principio, Tony Curtis debía hacer el papel de Jack Lemmon y Frank Sinatra el suyo. Pero Wilder quedó con Sinatra para ofrecerle el papel y éste nunca apareció.
  • Orry-Kelly, el modisto de la película, estaba tomando medidas al trío protagonista y dijo a Marilyn: “Tony Curtis tiene mejor culo que tu”, a lo que la actriz respondió sacándose un pecho y diciendo “Pero no tiene tetas como estas”.
  • El guión está basado en la película francesa de 1.935 ‘Fanfare d’amour’.
  • Tony Curtis, cuando interpreta al magnate de la Shell, imita el tono de voz de Cary Grant, lo cual gustó mucho a Wilder. Aunque Grant, al verlo, dijo: “Yo no hablo así... ¿verdad?”
  • George Raft, que interpreta a “Botines” Colombo, pasó horas enseñando a Jack Lemon y a Joe E. Brown a bailar tango.
Nota final: 7

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