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¡Benditos placeres culpables! [Especiales]

Reconozcámoslo. A todos nos gusta dárnoslas de eruditos. Queda muy bien mencionar la Nouvelle Vague, a Antonioni o a Buñuel como preferencias cinematográficas. Hablar de Akira Kurosawa casi haciendo una reverencia, decir que 'Ciudadano Kane' es la mejor película de la historia o que '2001: una odisea en el espacio' es una obra maestra insuperable.

Pero en la intimidad de nuestro salón sabemos que la realidad es otra muy diferente, puesto que cada vez que intentamos ver '2001' nos dormimos al cabo de 5 minutos de proyección al igual que nunca entenderemos lo que significa el dichoso Rosebud de 'Ciudadano Kane'. Con lo que realmente disfrutamos es con cualquier film de Michael Bay, con una comedia romántica cuanto más bobalicona mejor e incluso con una alguna de Pajares y Esteso.

Despojémonos de toda vergüenza y proclamemos a los cuatro vientos cuales son nuestros 'placeres culpables' más ocultos, esos films que en ocasiones nos avergüenza afirmar que nos encantan, que somos capaces de ver una y otra vez sin sonrojarnos y de los que nos sabemos la totalidad de sus diálogos. Nosotros hemos seleccionado cinco de nuestra (amplisima) lista...


5.- EL ABISMO NEGRO (The Black Hole, 1979)
Gary Nelson




En 1979, aún todavía bajo los efectos del gran éxito de 'La Guerra de las Galaxias', The Walt Disney Company decidió no reparar en gastos y producir su propia 'space opera' y destinó un presupuesto altísimo para la época (20 millones de dólares) para que Gary Nelson dirigiese 'El Abismo Negro'


Su relectura en versión espacial del clásico de Julio Verne '20.000 leguas de viaje submarino' era mucho más tenebrosa que el original. La historia tenía a su propio capitán Nemo, el dr. Hans Reinhardt (Maximilian Schell), un ser obsesionado en ser el primer humano capaz de atravesar un agujero negro y único superviviente a bordo de la nave Cygnus, que resultaba ser un personaje amenazador e inquietante, muy lejos de los estereotipos del villano típico de producciones Disney.


Con unos efectos especiales de primerísimo nivel (nominados al Oscar de ese año) y un reparto relativamente importante, con Anthony Perkins y Ernest Borgnine a la cabeza, la película lo tenía todo para convertirse en un gran éxito y un clásico de la ciencia ficción instantáneo pero una excesiva infantilización de la película en algunos momentos debido seguramente a la intromisión de la propia compañía, empeñada en esas épocas en realizar films que fuesen aptos para toda la familia (sólo hay que ver el diseño del robot V.I.N.CENT) hizo que el resultado final quedase algo desdibujado.


La película sigue manteniendo una fuerza visual importante algo que junto a la memorable BSO de John Barry hacen muy recomendable su visionado. Posiblemente podamos discutir si incluirla dentro de la categoría de 'placeres culpables' puesto que el 'El Abismo Negro' acaba siendo un film más que correcto que inmerecidamente ha acabado en el olvido. 




4.- STREET FIGHTER, LA ÚLTIMA BATALLA (Street Fighter, 1994)
Steven E. de Souza



Adaptar fielmente un videojuego al cine es una tarea prácticamente imposible a tenor de los resultados cosechados con cada uno de los intentos que se han ido sucediendo durante los últimos años. Claro que una moda que empezó con el desastre monumental que fue el 'Super Mario Bros.' protagonizado por Bob Hoskins y John Legizamo no auguraba un futuro demasiado halagüeño.

Un año después de que nos llegasen las aventuras cinematográficas de Mario y Luigi, se estrenaba 'Street Fighter, la última batalla' con Jean Claude Van Damme de protagonista. Un Van Damme que en ese momento estaba en lo más alto de su carrera y que parecía el actor idóneo para un proyecto como éste.


Las primeras imágenes que vimos nos hacían frotarnos las manos. Raúl Júlia parecía haber nacido para encarnar a Mr. Bison, el villano de la función y el resto de personajes estaban muy bien trasladados a la pantalla pero a la hora de la verdad el film no cumplió con las expectativas generadas.


'Street Fighter' era simplemente un juego en el que los personajes se peleaban unos contra otros sin apenas razón alguna pero al film se le quiso dar una complejidad que para nada tenía el juego original. Obviamente no podías realizar un film de dos horas en las los protagonistas se peleasen sin más y la idea de dividir a buenos y malos en dos bandos, en los que unos luchaban por dominar el mundo y otros por defenderlo era prácticamente la única opción posible para conseguir que la historia avanzase hacia algún lugar.


A partir de aquí, el desastre. Pasamos por alto que algunos personajes camben algo su aspecto y personalidad respecto al del juego, pero como decíamos, estamos ante un juego de lucha y lo que más brilla por su ausencia en esta película es eso precisamente. Hay pocas escenas de pelea y las que hay están mal resueltas y rodadas con poca gracia.

A pesar de todo, el resultado final parece tomarse tan poco en serio a sí mismo que su visionado acaba siendo un gran festival pirotécnico tremendamente divertido aunque para disfrutarlo totalmente uno tenga que echar mano de la nostalgia.




3.- CAMPAMENTO DE VERANO (Sleepaway Camp, 1983)
Robert Hiltzik


Una película como 'Campamento de Verano' ejemplariza perfectamente lo que vendría a ser un 'placer culpable'. Cada uno de sus fotogramas pregona a los cuatro vientos lo ínfimo de su presupuesto y además goza de unas interpretaciones más que discutibles. Sin embargo, hay algo en su realización que convierte a la película en algo más que el típico film en el que los personajes van muriendo uno a uno. 



En cualquier slasher estrenado durante los 80 era fácil encontrarse con gran cantidad de escenas de sexo y desnudos gratuitos puesto que se suponía que sus protagonistas eran adolescentes con las hormonas alteradas. Obviamente, estos personajes eran interpretados por actores mucho más mayores pero 'Campamento de Verano' sorprende por el uso (no sabemos si inconsciente) de actores en gran parte acordes con la edad real que representaban en pantalla. Eso provoca que esa sexualidad, mucho más explícita en otras películas aquí acabe provocando una sensación inversa, creando un sentimiento represivo que le otorga a la película un tono ciertamente perturbador.


La película no aporta nada nuevo al género puesto que sigue los parámetros habituales de este tipo de producciones al pie de la letra y su línea argumental está llena de fallos extraños e inexplicables, como la de incluir desapariciones de personajes que vuelven a aparecer más adelante como si nada y algunas reacciones de los responsables del parque que parecen encontrar normal que aparezca un serial killer dispuesto a eliminar a sus campistas. Lo que hace especial a la película es su final, calificado por muchos por el más terrorífico de la historia del cine.



En un giro final que haría palidecer al mismísimo M. Night Shyamalan, la película acaba mostrando sus cartas en una escena que consigue poner los pelos de punta tan solo mostrando una sola e impactante imagen. Ese final, tan inesperado como espeluznante, queda grabado a fuego en la mente de todo aquel que vea la película a la que se le acaba perdonando su errático desarrollo gracias a un final apoteósico.




2.- KING KONG 2 (King Kong lives, 1986)
John Guillermin


En 1.976 John Guillermin rodó un aburrido pero aceptable remake de 'King Kong' en el que llevaba la historia a nuestro tiempo pero que finalizaba, al igual que el film original, con la muerte del gorila. La película fue producida por Dino de Laurentiis, al que debemos algunas de las mejores películas de la historia del cine pero que en los años 70 y 80 se dedicó a producir films más comerciales y de calidad más que discutible. Diez años después, De Laurentiis, alguien acostumbrado a exprimir sus filmes al máximo rodando secuelas innecesarias creyó que con Kong podría hacer lo mismo. ¿Pero cómo continuar la saga cuando te has cargado al principal protagonista? 

Ver caer a Kong (desde lo alto de las Torres Gemelas en el caso del remake de 1.976) lleva al espectador a dar por hecha la muerte del simio. Pero la realidad es que en ningún momento se nos informa directamente de la defunción...


A eso debieron agarrarse los responsables de la película cuando elaboraron un guión en el que 10 años después del fatal desenlace descubríamos a Kong en coma en los sótanos de la universidad de Atlanta, donde la dra. Amy Franklin, interpretada por Linda Hamilton, ha mantenido a Kong con vida y además le ha construido un corazón artificial gigante. 



Para resistir la operación quirúrgica el gorila necesita, además, una gran transfusión de sangre, pero el gran tamaño del paciente hace inviable cualquier tipo de compatibilidad con otro animal. Es ahí cuando, milagrosamente, un explorador descubre una gorila hembra de igual tamaño escondida en las selvas de Borneo, que es capturada y enviada de inmediato a los Estados Unidos. La operación es un éxito y Kong parece recuperarse pero descubrir a una hembra de su especie hace que el gorila despierte sus más bajos instintos, destroce las instalaciones y huya con su amada en brazos.



Si llegados a este punto todavía no os parece que la historia es poco menos que absurda estáis antes vuestra película perfecta, puesto que a partir de la huida de Kong y su amada, el film acaba descarrilando (si es que ya no lo había hecho) y se convierte prácticamente en un culebrón, siendo incluso partícipes de un parto que acaba por desembocar en una estampa familiar difícil de olvidar.

Con el guión que tenían entre manos era poco probable, por no decir imposible, realizar una película mínimamente decente. Lo que acabamos viendo es una comedia involuntaria, con algunos momentos dignos gracias al buen hacer de John Guillermin tras la cámara, pero con otros momentos del todo sonrojantes, sobretodo los protagonizados por la pareja de gorilas en pleno idilio amoroso. Está claro que De Laurentiis, más que esperar que el film fuese un éxito quería sacarle rendimiento a los trajes de gorila que Carlo Rambaldi le había fabricado para el primer film.




1.- SUPERMAN IV, EN BUSCA DE LA PAZ (Superman IV: the quest for peace, 1988)
Sidney J. Furie



La historia que hay detrás del rodaje de 'Superman IV: en busca de la paz' la hace merecedora por méritos propios del primer puesto en nuestro particular ranking de 'placeres culpables'.

Los derechos de Superman pertenecían a Alexander Salkind, que en 1.978 había producido la que hasta el momento es la mejor adaptación cinematográfica de un personaje de comic jamás rodada, 'Superman. La Película', de Richard Donner. El gran éxito del film llevó a Salkind a producir 'Superman II' y 'Superman III' ahora dirigidas por Richard Lester. La segunda entrega fue un éxito moderado aunque siempre se ha dicho que gran parte de los problemas que tuvo en su momento fueron causados por la enemistad que surgió entre Salkind y Donner, que acabó con el despido de éste último cuando prácticamente había terminado el rodaje. Donner fue substituido por Richard Lester que aunque sólo tuvo que acabar de rodar las tomas que faltaban acabó figurando como director en los créditos.

'Superman III' aún tuvo menos éxito y Salkind decidió vender los derechos a los inefables Yoram Globus y Menahem Golan, los responsables de la productora Cannon, famosa por sus películas de bajo presupuesto.



Globus y Golan presentaron el proyecto a bombo y platillo, prometiendo un gran film. Gene Hackman volvería a ser Lex Luthor tras negarse a participar en la tercera parte y Christopher Reeve, que había anunciado que dejaba el personaje aceptó volver a ponerse la capa a cambio de poder involucrarse en la escritura del guión. 



La Warner Bros. pagó 35 millones de dólares a la Cannon para asegurarse parte de la distrubución mundial del film pero a la hora de la verdad, Globus y Golan usaron la mitad de ese dinero para pagar las numerosas deudas que la Cannon tenía. Considerando que gran parte de lo que quedaba de presupuesto fue a parar a los bolsillos de Gene Hackman, que cobró una cifra astronómica por volver a interpretar a Luthor, el recorte de presupuesto fue tan evidente que el resultado final fue de chiste.



Las ideas que introdujo Christopher Reeve, muy preocupado en esos momentos por todo lo relacionado con un posible desastre nuclear, convirtió a Superman en un luchar en favor del desarme mundial, cosa que consigue introduciendo todas las armas del mundo dentro de una inmensa red que lanza directamente al Sol.

Lo que no sabe Superman es que en uno de esos cohetes Luthor ha introducido un compuesto genético que ha elaborado a partir de un pelo del Hombre de Acero, que en contacto con el Sol hace nacer en pleno espacio al Hombre Nuclear, posiblemente el villano más ridículo de la historia.



El toque cutre de la Cannon se hace patente durante los escasos 86 minutos que dura el film (aunque un primer montaje alcanzaba los 130 minutos de duración) y la falta de presupuesto es evidente en unos efectos especiales paupérrimos que no hacen más que hundir cada vez más el prestigio cinematográfico del personaje.



La suerte del film es contar con alguien como Gene Hackman, que vuelve a sacar lo mejor de él trayendo de vuelta a un Lex Luthor que es la auténtica alma de la fiesta. Sin un antagonista a la altura el film podría haber sido muchísimo peor (imposible imaginar qué hubiera pasado si de faltar Luthor se hubiese dejado al pobre Hombre Nuclear como único villano de la función...) pero si uno consigue librarse de cualquier prejuicio, además de olvidar los otros tres films anteriores, 'Superman IV: en busca de la paz' puede llegar a hacer disfrutar al espectador más atrevido con su tono paródico y esperpentico aun a riesgo de acabar con una terrible sensación de vergüenza ajena imposible de disimular.




No ha sido tan grave. Hemos sido capaces de confesar algunos de nuestros secretos cinematográficos más ocultos y hemos sobrevidido a ello. Incluso podemos decir que estamos aliviados. ¿Te atreves a contarnos ahora cuales son tus 'placeres culpables'?



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