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La vida de Adèle [Cine]


Una de las joyas que nos ha dejado el cine este año pasado fue sin duda la película de la que voy a hablar a continuación. Un filme no apto para los que huyen de los dramas humanos y menos si son relacionados con el amor, pues 'La vida de Adèle' es una historia de amor en mayúsculas.


¿De qué va?


Adèle (Adèle Exarchopoulos) está en el último curso antes de empezar la universidad, quiere ser maestra. Está en la edad en la que se es más vulnerable a sufrir el enamoramiento del primer amor. Pero aún no ha encontrado a esa persona. Esto cambia cuando un día una mirada le da un vuelco al corazón, una chica con el pelo azul. Emma (Léa Seydoux). Ella trastocará su vida. Le dará la vuelta a su mundo cambiándolo para siempre, con todas sus consecuencias.


La crítica

Mucho ha dado de qué hablar el último film de Abdelatiff Kechiche. La polémica acompaña siempre que en pantalla se explayen con escenas subidas de tono. En este caso con más razón pues contiene varias escenas de sexo explícito, la primera de ellas dura diez minutos aproximadamente. El debate está servido.

Sin embargo, 'La vida de Adèle' no se aproxima al reciente trabajo de Lars von Trier con su 'Nymphomaniac', pues 'La vida de Adèle' es una historia de amor y no de sexo. Amor en mayúsculas, o quizás solo se trate de una historia tan natural que cualquiera puede verse reconocido en ella.

Adèle es una chica normal, tan normal que también sufre una adolescencia que le lleva a pensar que es diferente del resto. En su caso algo más diferente pues descubre que le gustan las chicas más que los chicos. Es la historia de cualquier diecisieteañero, con su despertar sexual, las hormonas revolucionadas y, sin previo aviso, la locura del primer amor. 

El inicio de la película nos habla de ese momento en particular. El film podría indagar en un discurso pro-gay (si es que tal palabra existe), pero en vez de eso sigue su cauce hacia el discurrir de la relación entre Adèle y Emma, la misteriosa chica de pelo azul. El hecho de que sea un amor lésbico queda como marco de la trama y en segundo plano, pues no nos habla de la lucha por los derechos de los homosexuales, sino que da paso a una historia de amor apasionada. 

Una relación voraz que consume a Adèle cuando Emma se sumerge en la rutina del día a día, perdiendo esa magia que caracteriza el inicio de una relación, hasta tal punto que Emma pierde literalmente ese color azul eléctrico con el que enamora a su pareja. A Adèle no parece afectarle esa "monotonía" y la postura que poco a poco adopta Emma le va llenando de una sensación de vacío y soledad que le llevará a tomar alguna decisión desacertada para cualquier relación. Hasta aquí puedo leer.

Lo que engrandece este relato de aparente sencillez, es precisamente esa naturalidad y simplicidad para mostrar una historia común y a la vez conseguir captar la atención por la verdad que esconde en lo que expresa. 


Prácticamente la totalidad de la cinta está rodada en un primer plano en el que se aparece Adèle. Una manera de conseguir una empatía brutal con la protagonista, interiorizar todo lo que siente e incluso lo que piensa y no dice. Con el valor añadido de que no resulta cargante y logra el efecto contrario.

Asimismo, 'La vida de Adèle' se dota de unos engranajes que funcionan a la perfección. Esos mecanismos sobre los que gira la película son sus intérpretes. Una estupenda Adèle Exarchopoulos, que no puede ser mejor actriz para este papel. Posiblemente, el que se note que es una actriz joven, tanto por edad como por filmografía, consiga ese punto de naturalidad que irradia toda la cinta. Sin embargo, no podemos achacar todo a la suerte del principiante pues, aunque el casting ha sido acertado, la chica lo vale.

El personaje de Adèle es de aquellos bien paridos, que son ficticios pero tan reales que enamoran. Al igual que la actriz que la encarna. No necesitamos que el guión nos diga por medio de la cámara que es hermosa, porque está claro que realmente lo es. Con esa sencillez de las grandes bellezas. El pelo revuelto, la piel libre de maquillaje y una sonrisa con la inseguridad de quien no pretende seducir y sin saberlo lo consigue. Una chica que disfruta de las pequeñas cosas que le ofrece la vida y no pide grandes sueños para ser feliz, por ejemplo, ser maestra, un trabajo que le encanta y que la realiza como persona.


En el otro lado de la balanza tenemos a Emma, interpretada por Léa Seydoux, que será el otro gran peso en pantalla y a la altura de la interpretación de su compañera. Un personaje opuesto en algunos aspectos al de Adèle. Una pintora que aspira a la fama y el reconocimiento. Encuentra a la compañera perfecta y a su musa en Adèle. Sin embargo, es inconformista y ese será uno de los puntos que alterarán el equilibrio entre ellas. Ambas son ante la cámara la encarnación del amor, la el deseo, la curiosidad, la felicidad y todo lo que acompaña a esos grandes amores de los que hablan las películas, que desgarran a uno por dentro para lo bueno, y para lo malo.

En resumen, la firme mano de Kechiche lleva la cámara atada en corto para introducirnos de pleno en un relato sobre el amor, la pasión, el deseo y sus consecuencias. Un excelente trabajo por parte de la dirección y el reparto que consiguen unirse para crear una pieza exquisita sobre algo tan conocido y tantas veces llevado a la pantalla. Parece que no pueda sorprendernos y aun así lo consigue. Con su dureza y su naturalidad pasa de ser la historia de Adèle a la nuestra propia. 

Información de más
  • Entre los premios que ha cosechado se encuentran la palma de Oro en Cannes, mejor película de habla no inglesa en los premios BAFTA, además del premio a la mejor película extranjera en los Globos de Oro.
  • El rodaje de una de las escenas de sexo duró 10 días. La exigencia del director era tan alta que, lo que deberían haber sido dos meses, se convirtió en un rodaje de cinco meses y medio 
  • El director instaba a las protagonistas a improvisar sus líneas para que todo fuera más natural. Tanto es así que incluso que en la mayor parte de metraje no se peino ni maquillo a las actrices para que parecieran más naturales.

Nota final: 9

7 comentarios:

  1. Sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… porque mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance.
    Soy lesbiana y estoy muy harta de escuchar tantas alabanzas absurdas a esta película que no es más que el desahogo pornográfico de las obsesiones de un director déspota. Fui a verla ilusionadísima porque el cómic me había encantado y tenía las esperanzas de encontrarme con algo igual de bueno o quizá mejor, pero no puedo expresar mi sorpresa al encontrarme tamaña basura… Quince minutos de porno lésbico completamente gratuito e injustificado que ensucian el resto del metraje y actúan a modo de llamada de atención desesperada (así como llamada a la recaudación, a la audiencia y a la crítica masculina) para disculpar tres horas insustanciales, desaprovechadas y vacías, con lo que podía haber dado de sí una temática inicial tan fantástica. El director sólo se preocupó de rodar tijeras y cunnilingus, no hay rastro de la profundidad de la novela gráfica, de su estética cautivante, de su buen gusto, de su sensibilidad, de su despliegue en cuanto a temas y motivos… sólo sexo explícito, poses ridículas y morbo facilón para arrastrar a la gente a verla y convertirla en vouyers.
    Sin esas largas escenas de sexo la película habría ganado en dignidad y fuerza, precisamente es contraproducente a su causa este excesivo regodeo. En lugar de estas escenas (o de gran parte de ellas) se podría haber aprovechado metraje e incluir, por ejemplo, una escena de ataque homófobo de los que están tan tristemente vigentes en Francia u otros países europeos, eso sí contribuiría a una mayor sensibilización del público y no una escena como la de las tijeras con la que la película cae en el ridículo, se descalifica a sí misma y le da la razón a quienes afirman que es pornografía mostrada sólo con el propósito de excitar. ¿Cuál es la intención si no de regodearse de tal manera? ¿Si no vemos ocho orgasmos no entendemos la pasión entre ambas protagonistas? ¿O la “necesidad” de meter estos quince minutos de sexo salvaje era porque si no nadie aguantaría tres horas soporíferas viendo a una actriz con cara de empanada?
    Me pregunto cómo es posible que nadie (o muy pocos) vean lo que es en realidad esta película: una fantasía pornográfica de un director heterosexual, basándose en un juicio apriorístico de cómo follan dos lesbianas que no es más que su propio deseo puesto en imágenes (y además tiránicamente, en plan “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo mientras babeo). De haber sido dos hombres los protagonistas (o un hombre y una mujer), el director jamás se habría recreado así en una escena sexual entre ellos y la película no habría sido tan brillante para los críticos. Si la pareja hubiera sido heterosexual y si el sexo, aunque realista, hubiera sido tratado de manera más sutil, de esta película ni se habla. Y mucho menos se la premia. Pero claro, a los críticos heterosexuales les ha gustado mucho y por eso ganó Cannes…
    Por eso, lo que me escama de todo esto (aparte de que me es imposible simpatizar con un señor que ha hecho que sus actrices se sientan poco menos que abusadas…) es que el director ha reducido una historia compleja sobre el amor, la amistad, la intimidad… en una larguísima escena de sexo hecha desde el punto de vista de un observador masculino y heterosexual (qué sorpresa) que reduce a las lesbianas y a las mujeres en general en objetos hipersexualizados cuyas prácticas sexuales son y deben ser aquellas que despiertan los deseos de este público en particular. Como siempre, se reduce a las mujeres (lesbianas o no) a lo mismo. Objetos. Objetos con los que vender, comerciar, excitar… objetos masturbatorios y poco más.
    Esta película no hace ningún favor a la causa homosexual, más bien todo lo contrario.

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  2. Si me extiendo tanto y me expreso con tanta vehemencia es porque quiero que mi punto de vista (que es el de muchas lesbianas también) ayude a entender por qué tanta indignación justificada con esta película, por eso insisto en dar explicaciones de lo que considero que es un enfado lógico (el que también siente la propia autora del cómic) y no una pura histeria “porque sí”.
    Recomiendo encarecidamente la elctura del cómic original para que cualquiera compruebe la diferencia por si mismo en todo cuanto afirmo: claro que hay sexo, de hecho nadie niega la necesidad de que lo haya, pero está tratado de una manera completamente diferente: con buen gusto, sensibilidad y respeto. Son escenas estéticas y realistas, no tan facilonas, exageradas y burdas como en la película, donde la mirada masculina y casi onanista se delata por sí sola. La autora, Julie Maroh, también expresó su indignación al respecto. Conste, insisto, que en ningún momento se discute sobre no mostrar sexo en la película, de hecho es necesario y está justificado que se muestre, pero no ASÍ. El problema no es con el sexo explícito siempre que esté justificado y bien presentado. El problema es cuando se ha decidido mostrar una escena sexual larguísima con el único propósito de crear morbo gratuito y polémica para después querer tomar al espectador por tonto, hacerse el ingenuo y pretender venderlo como “arte”. Eso es lo indignante. Más que una relación sincera y realista entre dos mujeres parece una fantasía pornográfica bastante tópica (e incluso ridícula por determinadas posturas) de un hombre heterosexual.
    Tened por seguro que si Kechiche hubiera dirigido “Brokeback Mountain” o una historia de amor con dos hombres como protagonistas, ni de coña se habría recreado tanto. Es por este cúmulo de circunstancias por el que las lesbianas nos sentimos tan ofendidas: se nos reduce siempre a lo mismo, al mismo papel de objetos destinados a dar placer o morbo a la audiencia… Es curioso que las mayores alabanzas procedan, justamente, de hombres heterosexuales; las mujeres, heteros o lesbianas, la ponen bastante peor y son mucho más críticas. Será quizá porque la cosificación sexual de la mujer es algo tan enquistado en nuestra sociedad, en todos los ámbitos, lo tenemos tan admitido, que ni se permite darle la vuelta cuando alguien lo cuestiona (y entonces, de hacerlo, se nos tacha de histéricas, mojigatas o estrechas de mente, como si confundiéramos “abiertos de mente” con “necesidad de mostrar sexo explícito”) y, como siempre, se visibiliza a las lesbianas sólo para la consecución del placer masculino; se las muestra como objetos sexuales en la pantalla con la hipócrita excusa de que es necesario ver esas escenas pornográficas para entender la vida de la protagonista. Y así, la vida de Adèle se queda reducida a “La vida sexual de Adèle”. Una película fácil, vulgar, pornográfica, con todo lo que podía haber dado de sí (no se dedica apenas atención a la lucha interior de la protagonista, a los conflictos con sus padres y amigas ni la solución a los mismos, no se incide en la necesidad de una mayor visibilización y normalización, etc.)… Es verdaderamente una lástima.

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  3. Una película plagada de tópicos facilones sobre homosexualidad con un guión naïf e inocentón en exceso que camufla sus carencias bajo toneladas de sexo explícito (muy bien rodado, eso sí) y planos de “visión masculina” absolutamente injustificados y que te recuerdan desde las primeras escenas que esta película de lesbianas “huele a polla” por los cuatro costados (lo que viene a decir que se nota a legua que está dirigida por un hombre). No me extraña nada que las actrices esté tan furiosas con el director; el montaje final de esas escenas de sexo roza el ridículo.
    Me acuerdo de Fucking Amal, de Lukas Moodyson, que con una película inocente sobre lesbianas, y que dura la mitad de tiempo, logra transmitir bastante más de lo que logra Adele en tres larguisimas horas.

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  4. Una habitación con vistas. La cámara gira hacia el interior y se ve a un tío en la cama.

    Es Abdellatif Kechiche tocándose la polla y hablando por teléfono con su mejor amigo y consejero espiritual.

    - Tío, no paro de pensar en tías en bolas, en plan rollo bollo.

    - Pues nada, móntatelo a lo Medem: haz una peli que vaya de bollos, y que estén bien buenas. Y de paso que te pajilleas tú se pajillea media humanidad, que el rollo bollo tiene mucho público.

    - Ya, pero si hago lo que estoy pensando va a parecer que hago porno. Y yo tengo un nivel, tío.

    - No hay problema. Haz que hablen de vez en cuando y que digan cosas poéticas. Tú eres Kechiche, no haces porno, haces poesía.

    - Ya, pero sólo con eso no va a colar. Pienso tenerlas un montón de rato en bolas, necesito algo más.

    - Bueno, puedes alargar la película indefinidamente con muchos primeros planos, así por mucho tiempo que las tengas en pelotas siempre podrás decir que también les sacas la cara de vez en cuando. Un primer plano de los mocos mientras la protagonista llora puede ser la hostia.

    - Y eso para qué?

    - Para nada; eres Kechiche, un poeta, un artista de la imagen, un creador. No tienes que dar explicaciones. La gente se preguntará el porqué de cada plano y harán sesudos análisis y se olvidarán de lo de las tías en bolas.

    - Jo, tío, eres un crack. Me has salvado la vida. Mira que estaba como el pico una plancha con el tema éste.

    - Pos nada, haz la peli. Oye, y de paso me haces un favor. Conozco a una nena que está buenísima, la jodida se llama Exarchopoulos, toma ya, Adèle de nombre. He intentado tirármela de todas las maneras posibles, pero nada, no consiente la hijaputa. Como tiene ínfulas de actriz, si la contratas por lo menos la podré ver en pelotas y pegarme un meneíllo. Qué me dices, chaval?

    - Hostia, tío, eres el puto amo. Y ahora que lo pienso, me gusta el nombre de tu nena. Voy a titular la peli en su honor "La vida de "Adèle".

    - Ah, pues de puta madre. Un gran detallazo por tu parte. Oye, no estarás intentando tirártela, no? No te lo perdonaría en la vida. Pero bueno, si te la tiras luego me la pasas... y pelillos a la mar. Qué dices, hace el apaño?

    Y así fue como el bueno de Abdellatif, con el fin único y exclusivo de echarse unas pajillas, nos la metió doblada y ganó la Palma de Oro en Cannes, además de un montón de aclamaciones de críticos que han sabido muy bien justificarle.

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  5. Esta es la película más machista que he visto en mi vida... Además de ser un bodrio de película, aburridísima, interminable, deshilvanada y absurda, tiene la desfachatez de frivolizar hasta extremos increíbles con las relaciones homosexuales entre mujeres. No se la recomiendo a nadie, toda ella me parece una predecible y tópica fantasía masculina.
    Sobre ella se ha discutido mucho sobre que si no es pornográfica, que si las escenas sexuales son gratuitas o no, que la historia original fue escrita por una mujer lesbiana y un hombre heterosexual se ha encargado de degradarla (cosa en la que estoy de acuerdo), que si en realidad está mostrando la realidad de cualquier relación, no sólo homosexual, blablablá. Pues que nadie se lleve a engaño, puesto que como suele decirse, “la respuesta más obvia es siempre la correcta”: la película puede parecer pornográfica y tener escenas gratuitamente morbosas, pero ES realmente una película pornográfica y gratuitamente morbosa.

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  6. Estoy en general de acuerdo en todo lo que plantean las lesbianas indignadas con esta película y también me rebelo contra la hipocresía y la imbecilidad de los críticos y festivales correspondientes. El sexo en el cine me parece un tema de lo más interesante porque muchas veces actúa como un reclamo morboso en si mismo que se desconecta del relato en el que está inserto. Desde luego la película que nos ocupa es un ejemplo claro de este efecto, y entiendo por ello la ira que ha provocado.

    La cuestión es: ¿es lícito mostrar sexo actuado en un relato? Yo pienso que sí, claro. Pero también es cierto que el carácter claramente perturbador de la visión de personas, aunque sea fingido, practicando sexo muchas veces no complementa la narración sino que ejerce como elemento distorsionante. Y, por supuesto, en “La vida de Adele” esto está llevado al extremo porque realmente las actrices están representando su sexo de una forma tan expícita que cuesta trabajo decantarse por si es sexo fingido o real. Para un espectador masculino heterosexual este momento claramente se desconecta del relato porque la excitación de ver esta fantasía es lo único que importa en ese momento. Y es normal que sea así. Lo lamentable es que el director y los críticos alabadores sean tan cínicos e hipócritas para hacer pasar este elemento determinante de la película como un hermoso complemento y no como un reclamo morboso, y por ende, comercial.

    Si quiero ver sexo, veo porno. Pero no me vendas cine con algo demasiado parecido al porno porque somos todos mayores y me estás tomando por tonto.

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  7. ¿Por qué tantas lesbianas estamos en contra de esta película? Aquí enumeramos las razones:
    - Fomenta tópicos machistas y morbo gratuito.
    - Vulgariza impunemente la maravillosa obra original, #Elazuleselcolormascalido, de #JulieMaroh, y la sexualiza convirtiéndola en basura.
    - Reduce la imagen de las lesbianas a mera pornografía para hombres y la relación entre ellas a una frívola fantasía machista.
    - Cosifica y explota a las actrices, #LeaSeydoux y #AdeleExarchopoulos, para hacer de ellas simples objetos masturbatorios.
    - Ningunea todos los temas profundos del cómic original, así como su buen gusto y sensibilidad, sacrificando su importancia para centrarse únicamente en la explicitud de unas larguísimas escenas sexuales totalmente innecesarias para la trama.
    - Intenta convencer al espectador de que estas escenas son imprescindibles para entender la vida de la protagonista, y en cambio no se regodea ni la décima parte con las escenas de cama heterosexuales (también supuestamente importantes para entender la vida de la protagonista y su evolución).
    - Convierte la visibilización y normalización lésbica en puro morbo para voyeurs y pajilleros.
    - #AbdelatifKechiche demuestra una total falta de respeto hacia la idea original concebida por la autora.
    - Es una película mediocre premiada y alabada injustamente sólo por su reclamo sexual, sin el cual la historia no destaca por nada y habría pasado completamente desapercibida.
    - Es ofensiva para las lesbianas, utilizadas una vez más para lo mismo de siempre: la consecución del placer masculino.
    - Toma por idiota al espectador queriendo venderle una supuesta gran historia de amor que no es más que vulgar pornografía.
    - Desaprovecha un fantástico material original y lo que podía haber sido una valiosa y memorable obra de referencia queda reducida al reclamo fácil y comercial.
    - Todo lo anterior se corrobora también con las eróticas fotos promocionales y la sexualizada campaña de publicidad.

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