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12 años de esclavitud [Cine]


Se ha metido en el bolsillo a los críticos de cine y se encabeza como una de las preferidas para los Oscars 2013, pero ¿qué aporta '12 años de esclavitud' al espectador normal? Gracias a los amiguetes de Sensacine tuve el honor y privilegio de poder experimentarlo en primera persona. Una película extremadamente dura contada cuidando y mimando cada detalle. Una historia real que sobrecoge en la butaca pero te abstrae y sumerge en una exposición artística perfecta para los paladares experimentados. Con un ritmo muy sosegado y tranquilo, puede exasperar a quienes no aprecien el regusto agridulce de una película cocinada a fuego lento.



¿De qué va?

Solomon Northup (Chiwetel Ejiofo) es un feliz padre de familia cuya determinación de persona libre y talento han permitido vivir alejado del trato inhumano que reciben aquellos con su color de piel. Sin embargo, a mediados del siglo XIX, con la discriminación racial a la vuelta de la esquina, se verá envuelto en un secuestro que le alejará de la civilización a la que está acostumbrado. Comenzará entonces su lucha personal por sobrevivir, pasando de mano en mano y enfrentándose contra el salvajismo moral y físico de sus nuevos amos. Una historia real de esclavitud que experimentará el horror y los latigazos de aquellos que se creían con poder sobre otros.

La crítica
 
El director Steve McQueen nos tiene acostumbrados a historias en primera persona cargadas de imágenes durísimas que no se censuran a la hora de mostrar una realidad cruel (véase los casos de Hunger y Shame), pero no nos quejamos porque se le da extremadamente bien. En este caso, a través de la sumisión obligada de Solomon, nos retrata muy de cerca el tiempo que pasó inmerso en ese mundo de aceptación y salvajismo, donde la caridad tenía un alto coste. 

Todo comienza cuando, atraído por una gran oportunidad en el mundo de la música, Solomon se traslada a Washington persiguiendo mejorar la calidad de vida de su familia. Sin embargo, de la noche a la mañana, los pañuelos de seda han sido arrebatados y en su lugar hay grilletes. Cuando trata de explicar su condición de libertad, la censura llega en forma de golpes y sangre, arrebatando el último vestigio de esperanza.
Así comienza su historia, arrebatado de su propia vida y comprado por uno de los terratenientes del Sur para trabajar en labores de campo. Con la firme prohibición de hablar de su vida anterior, su primer dueño, un afable Benedict Cumberbatch, recompensa sus esfuerzos y reconoce su talento. La oportunidad de un trato humano le ayudará a ganarse su confianza, volviendo desgraciadamente a sentirse entre iguales. 

Ese sentimiento le empujará a no dejarse apalear y plantar cara a las ambiciones de poder, enfrentándose contra la autoridad. Un momento contado con tal mezcla de dureza y pasividad que provocará la ira del espectador contra la indiferencia. 


 
El destino y ese desafortunado accidente, conducen a Solomon a un nuevo Master, esta vez impune, intolerable y un poco loco. Un salvaje y autoritario Michael Fassbender (actor predilecto del director) nos enseñará que lo que hemos visto hasta ahora era un dulce sueño comparado con lo que ocurre en su plantación de algodón. Una mirada de cerca al radicalismo religioso y a la moral dominante del hombre blanco sobre sus propiedades humanas. 

Las experiencias más duras de su vida, le empujarán a buscar algún tipo de solución desesperada a su situación, anhelando volver a ver a su familia. La aceptación de algunos esclavos ante la mejor oportunidad que les ha dado la vida, será el consuelo que acompañe las lágrimas y la piel desgarrada que muchos de ellos sufrirán. 


El desprecio con el que se trata a las personas de color, sin censura y tal crudamente como se pueda digerir, añade una mezcla delicada entre una experiencia desgarradora y una puesta en escena lenta y con un toque artístico, reflejando no solo el paso del tiempo, sino dando una tregua al público para recapacitar y procesar lo que acaba de ver. Un ritmo que cambia entre la brutalidad desmedida y el desasosiego de un atardecer, ofreciendo una sinestesia de tiempos y emociones. 

Solomon seguirá buscando en consuelo de apelar a la compasión humana para escapar de aquel infierno, posibilidad que se va haciendo más pequeña conforme pasa el tiempo y sus heridas se vuelven más profundas. Un alma con cicatrices en un cuerpo torturado, que ve como cada paso hacia delante es pisoteado, obligándole a perder la fe en el ser humano.




Una historia dura, sin filtrar, ideal para amantes de las películas humanas con trasfondo moral que no tengan prisa en disfrutar cada plano de cámara y nota musical de la banda sonora.

Información de más
  • El actor Michael Fassbender ha participado, como protagonista o actor de peso, en cada una de las películas del director, por muy duros que fueran sus papeles.
  • La película se baja en el libro con el mismo nombre que escribió el protagonista de esta historia, contando su experiencia en primera persona.

Nota final: 7

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