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jOBS [Cine]

¿Buscamos ideales o tratamos de convertirnos en ellos? Perseguir un ideal suele ser una manera de ver nuestro reflejo en el tiempo. La pretensión del  hombre por dejar su huella en la historia, más allá de la vida, ha dado numerosos ejemplos. Cuando una persona va en busca de unos ideales, en ocasiones, lo que realmente busca es descubrirse a los demás. La única manera de lograr tal objetivo está al alcance de unos pocos, y a esos pocos privilegiados les llamamos  genios.



¿De qué va?

Steve Jobs, un joven universitario con muchas preguntas y aún más sueños, crea junto a un grupo de amigos una pequeña empresa llamada Apple. Estamos en 1976 y lo que Jobs y sus colegas inventaron en un garaje poco a poco se transformó en una de las empresas punteras de la informática. En los años posteriores, veremos el ascenso económico y empresarial de Jobs y de Apple, pero a la vez, seremos testigos del descenso personal del fundador. Son años en los que Steve Jobs pasa de ser un genio empresarial y creador, a vivir relegado y apartado. 

La crítica

Estamos ante un 'biopic' y sabemos que tenemos dos opciones: o nos gusta la persona sobre la que trata la película o la odiamos. En ambos casos estamos obligados a no creer a pies juntillas todo lo que veamos. Es lo malo de las biografías, estamos predispuestos antes de verlas y juzgamos mal aquello que hemos visto.




En este caso, Joshua Michael Stern, director de 'Jobs', ha optado por hacer un retrato del genio informático sin meterse en muchos charcos. A Stern ('El último voto') no le ha debido resultar difícil hablar sobre una figura tan emblemática y global, pues la información que tenemos hoy en día de nuestros ídolos (odiados o amados) es absoluta. Parece curioso entonces que haya escogido una dirección plana y sin chispa para una figura tan relevante. Quizás el hecho de poseer a dicha figura mediática ya era demasiado ego para el proyecto y se eligiese a un realizador tan desconocido como éste, evitando así enfoques distintos a los que los productores quisieran ver. Un ejemplo de valentía de este caso sería 'La red social' de David Fincher.

'Jobs' se deja ver sin sobresaltos y su desarrollo es lineal y previsible. Una opción hubiera sido ver a 'flashbacks' los inicios del genio y contrarrestarlos con el momento actual. Pero hubiera dado un enfoque más crítico al personaje. Y recordemos que es un personaje que hasta hace poco se veneraba en vida, por lo que han sido valientes a la hora de no omitir sus ataques de cólera, enfados y obsesiones. 

Ashton Kutcher hace lo poco que puede hacer ante un personaje con tantas sombras. La simple parodia o caracterización no resultan suficientes para arrastrar al espectador hacia Jobs. El hecho de parecerse a la figura que representa no significa que transmita más ('Malcom X' es un ejemplo) e imitar su forma de andar como elemento artístico de su actuación o sus poses y muecas con los labios, sólo lograr distraer la atención a lo que realmente importa: su interior.




Durante la película asistimos al ascenso, cumbre y éxito de Steve Jobs, pero deja sin mostrar de verdad, o al menos intuir, los traumas y obsesiones que en verdad mueven al genio. Hablan de su contacto con las drogas, el hecho de ser hijo adoptivo, sus tics físicos, el hecho de no querer tener contacto social o afrontar la responsabilidad de ser padre. Todos esos temas pasan con disimulo por el film sin hacer mayor alusión a ellos.

Lo que resulta llamativo, y más en un tipo de cine como éste, es posicionar a un lado u otro del personaje al público. Jobs se nos presenta como una persona ególatra, individual, posesiva, obsesionada y vengativa. Rasgos que vemos a lo largo del metraje en situaciones que dejan en muy mal lugar al genio (bravo por ello). Es bueno que siendo una amable versión de su vida, no se hayan ocultado estos rasgos, pues estaríamos ante una cinta un poco más aburrida si cabe.

Toda la película anda entre esas dos opciones, me gusta o no me gusta. No se decanta por ninguna. Y no es por dejar al espectador que sea el jurado, sino más bien, porque no han sabido redondear una historia (que no tenía mucho jugo) hacia el lugar que correspondía.




El elenco de secundarios que puebla la historia no aportan casi nada, y el factor que hubiera elevado un poco el ambiente era Bill Gates. Presenciar un enfrentamiento entre estos dos titanes en pantalla tal vez hiciera remontar el vuelo. Pero hacia el último cuarto del film, sólo se espera el consabido final ambiguo. Podría resaltar una buena banda sonora llena de clásicos de los 70, pero eso es como cuando uno dice que la fotografía de 'El cielo protector' de Bertolucci es impresionante. Un eufemismo para no decir que es aburrida.




En resumen, un fallido intento por humanizar a uno de los demonios conceptuales e informáticos más populares de los últimos años. La herencia de Steve Jobs va más allá de lo rencoroso o vengativo que fue en vida con sus amigos o colaboradores. Va más lejos que insinuar que las drogas o el Nirvana interior influyeran en él. Incluso su legado está mucho más lejano que un mediocre film a mayor gloria de Ashton Kutcher. Aunque éste se haya pasado días practicando la manera de caminar de Jobs frente a un espejo. Lo mejor de 'Jobs' no está dentro de la película, sino en sus periféricos. Por cierto, esta crítica la realizo con sistema Microsoft.

Información de más
  • Ashton Kutcher tuvo que perder cerca de diez kilos para meterse en el personaje.
  • Existe un documental mucho más atractivo que esta película: 'Piratas de Silicon Valley'
  • Una 'original' forma de promocionar el film, fue ir a la Bolsa de Nueva York y hacer sonar la campana de inicio de sesión.
  • Instagram eligió a 'Jobs' como una de las primeras a la hora de promocionar un trailer en la inaugurada plataforma.

Nota final: 4

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